Disponte a pasar del desconocimiento, el prejuicio o la rutina a la fe del encuentro personal con Cristo, al deseo de conocerlo y la aceptación libre de su seguimiento.
Orar es acoger, es disponerse a un encuentro; es cuidar, profundizar y fortalecer una amistad, la que Dios quiere tener contigo.
La fe también es proceso, crecimiento y maduración. ¡Aquí encontrarás lo que necesitas para cada momento!
Amar es comprometerse y descubrir la alegría de la gratuidad transformadora. ¡Aprende a amar a la Iglesia y al mundo!
¡Vivir la comunión y la fraternidad es posible! porque encontramos, oramos, crecemos y amamos juntos. ¡Ven y verás!

Acompañar a los jóvenes hasta el encuentro con Jesús, para que sean discípulos misioneros, desde una fuerte vinculación a la Iglesia, para el bien del mundo y de otros jóvenes, anunciadores del Evangelio, artesanos de la fraternidad y de la paz, capaces de dejarse transformar y de transformar el mundo con la fuerza luminosa del Espíritu Santo. (PM 33)